BienVenidos

17 de mayo de 2009

Primer capítulo de sol de medianoche


Aqui os dejo el primer capitulo del último libro de la saga vampirica más famosa de todod los tiempos...

Primer encuentro

Éste era el momento del día en el que más deseaba ser capaz de dormir.
El instituto.
¿O sería más apropiado emplear el término «purgatorio»? Si existía algún modo de purgar mis pecados, esto tenía que contar de alguna manera. El tedio era a lo que menos me había conseguido acostumbrar y, aunque parezca imposible, cada día me resultaba más monótono que el anterior.
Supongo que ésta era mi manera de dormir, si el sueño se define como un estado inerte entre periodos activos.
Me quedé mirando fijamente las grietas del enlucido de la esquina más lejana de la cafetería, imaginando dibujos en ellas. Era una manera de sofocar las voces que parloteaban dentro de mi mente como el gorgoteo de un río.
Ignoré el centenar de voces por puro aburrimiento. Cuando a alguien se le ocurre algo, seguro que ya lo he oído con anterioridad más de una vez. Hoy, todos los pensamientos se concentraban en el trivial acontecimiento de una nueva incorporación al pequeño grupo de alumnos. No se necesitaba mucho para provocar su entusiasmo. Había visto pasar repetido el nuevo rostro de un pensamiento a otro, desde todos los ángulos posibles. Sólo era otra chica humana. La excitación que había causado su aparición resultaba predecible hasta el aburrimiento, era como mostrar un objeto brillante a un niño.
La mitad del rebaño de ovejunos varones se imaginaba ya enamorándose de ella, sólo porque era algo nuevo que mirar.
Puse más empeño en no prestar atención.
Sólo hay cuatro voces que bloqueo por una cuestión de cortesía: las de mi familia, mis dos hermanos y mis dos hermanas, quienes están tan acostumbrados a la ausencia de intimidad en mi presencia que rara vez se dan cuenta. A pesar de ello, les concedo toda la privacidad posible. Procuro no escucharlos si puedo evitarlo.
Lo intento con todas mis fuerzas, claro, pero aún así... me entero de cosas.
Rosalie pensaba en ella misma, como de costumbre. Había captado su reflejo en las gafas de sol de alguien y se regodeaba en su propia perfección. La mente de Rosalie era un charco poco profundo de escasas sorpresas.
Emmett estaba que echaba chispas después de haber perdido un combate de lucha libre con Jasper la noche anterior.
Necesitaría de toda su escasa paciencia para llegar al final de las clases y organizar la revancha. Nunca he sentido que me entrometía en sus pensamientos porque nunca ha pensado nada que no pudiera decir en voz alta o poner en práctica. Sólo me siento culpable al leer la mente de los demás cuando me consta que les gustaría que ignorase ciertas cosas. Pero si la mente de Rosalie es un charco poco profundo, la de Emmett es un lago sin sombras, tan transparente como el cristal.
Y Jasper estaba... sufriendo. Reprimí un suspiro.
Edward. Alice me llamó por mi nombre, pero sólo sonó en mi cabeza y le dediqué de inmediato toda la atención.
Era lo mismo que si la hubiera oído hablarme en voz alta.
Me alegraba que en los últimos tiempos hubiese pasado de moda el nombre que me habían puesto. Menos mal, ya que hubiera resultado un fastidio volver la cabeza automáticamente cada vez que alguien pensara en algún Edward…
En ese momento no me volví. A Alice y a mí se nos daban muy bien esas conversaciones privadas, y era raro que nos pillaran durante las mismas. Mantuve la mirada fija en las líneas que se formaban en el enlucido.
¿Cómo lo lleva?, me preguntó.
Torcí el gesto, pero sólo pareció que había cambiado ligeramente la posición de la boca, nada que pudiera alertar a los otros. Era fácil que pensaran que lo hacía por aburrimiento.
El tono de la mente de Alice ahora parecía alarmado y leí que vigilaba a Jasper con su visión periférica. ¿Hay algún peligro?
Ladeé la cabeza hacia la izquierda muy despacio, como si contemplara los ladrillos de la pared, suspiré, y luego me volví hacia la derecha, de nuevo hacia las grietas del techo. Sólo
Alice se dio cuenta de que estaba negando con la cabeza.
Ella se relajó. Avísame si la cosa se pone fea.
Moví sólo los ojos, primero arriba, hacia el techo, y luego abajo.
Gracias por ayudarme con esto.
Me alegré de no tener que contestarle en voz alta. ¿Qué le podría haber dicho? ¿«Encantado»? En realidad no era así. No disfrutaba asistiendo al debate interior de Jasper ¿Era necesario pasar por todo esto? ¿No era un camino más seguro admitir simplemente que él nunca sería capaz de controlar su problema con la sed como los demás, en lugar de tentar continuamente sus límites? ¿Por qué coquetear con el desastre?
Habían pasado ya dos semanas desde nuestra última expedición de caza. No era un periodo de tiempo excesivamente insoportable para el resto de nosotros. Algo incómodo a veces, si un humano caminaba muy cerca de nosotros o si el viento soplaba del lado equivocado. Pero los humanos rara vez se aproximan a nosotros. El instinto les dice lo que sus mentes conscientes difícilmente comprenderían: que somos peligrosos.
Y en ese preciso momento Jasper lo era en grado sumo.
Una chica bajita se detuvo en un extremo de la mesa más próxima a la nuestra para hablar con un amigo. Se pasó los dedos entre el pelo corto, color arena, y sacudió la cabeza. Justo en ese momento la rejilla del aire acondicionado empujó su aroma en nuestra dirección. Yo estaba acostumbrado a la forma en que me hacía sentir el olor: sequedad y dolor en la garganta, un agujero anhelante en el estómago, un agarrotamiento instantáneo de los músculos, el flujo excesivo de ponzoña en la boca…
Todo eso era bastante normal y, por lo general, fácil de ignorar; pero hoy resultaba más duro al tener los sentidos agudizados y notarlo todo por duplicado: la sed se multiplicaba al monitorizar las reacciones de Jasper. Era la sed de dos, no sólo la mía.
Jasper intentaba mantener la mente lejos de allí. Estaba fantaseando…
Imaginaba que se levantaba del lado de Alice y se paraba al lado de la chica. Pensaba en inclinarse como si le fuera a susurrar algo al oído y dejar que sus labios rozaran el arco de su garganta. Imaginaba también cómo fluía el cálido flujo de su pulso debajo de la fina piel que sentiría bajo su boca…
Propiné una patada a la silla de Jasper.
Nuestras miradas se encontraron durante un minuto, y luego él bajó la suya. Pude escuchar cómo se enfrentaban en su interior la culpa y la rebeldía.
—Lo siento —musitó.
Me encogí de hombros.
—No ibas a hacer nada —murmuró Alice en un intento de mitigar el disgusto de Jasper—. Lo vi.
Reprimí la mueca que hubiera echado por tierra la mentira de Alice; ella y yo debíamos apoyarnos el uno al otro. No resultaba fácil para ninguno de los dos oír voces y tener visiones del futuro. Éramos bichos raros, incluso entre los que ya lo eran de por sí. Nos protegíamos los secretos entre nosotros.
—Pensar en ellos como personas ayuda un poco —sugirió
Alice con voz aguda y musical, demasiado baja y rápida para que la escucharan los oídos humanos—. Se llama Whitney y tiene una hermanita muy pequeña a la que adora. Su madre invitó a Esme a aquella fiesta en el jardín, ¿te acuerdas?
—Sé quién es —contestó Jasper secamente.
Se volvió para mirar por una de las pequeñas ventanas situadas bajo el alero a lo largo del muro que rodeaba la gran habitación.
El tono de su voz puso fin a la conversación.
Deberíamos haber ido de caza el día anterior por la noche.
Era ridículo enfrentar esa clase de riesgos, intentar demostrar entereza y mejorar la resistencia. Jasper tendría que asumir sus limitaciones y vivir con ellas. Sus antiguos hábitos no eran los más apropiados para el estilo de vida que habíamos elegido; no podría adaptarse a él.
Alice suspiró silenciosamente y se puso de pie, llevándose la bandeja de comida —un atrezo, en realidad—y dejándole solo.
Sabía hasta dónde llegar con su apoyo y cuándo dejar de hacerlo. Aunque era más evidente que Rosalie y Emmett mantenían una relación, Alice y Jasper se conocían tan bien que sentían los estados de ánimo del otro como si fueran propios.
Parecía que también pudiesen leer las mentes, aunque sólo fuera entre ellos.
Edward Cullen.
Acto reflejo. Me volví al oír mi nombre, aunque no es que nadie lo hubiera pronunciado en voz alta, sólo lo había pensado.
Mi mirada se encontró durante una breve fracción de segundo con la de un par de enormes ojos marrones, de color chocolate, unos ojos humanos en medio de un rostro pálido, con forma de corazón. Conocía ese rostro a pesar de no haberlo visto nunca con mis propios ojos. Era el tema más destacado del día en todas las mentes: la nueva alumna, Isabella Swan, la hija del jefe de policía de la ciudad, que había venido a vivir aquí por algún cambio en su situación familiar. Bella. Hasta ahora había corregido a todo el mundo que se dirigía a ella por su nombre completo…
Miré a lo lejos, aburrido. Me llevó un segundo darme cuenta de que ella no había sido la persona que había pensado en mi nombre.
Por supuesto, Bella ya se ha quedado alucinada con los Cullen, oí cómo continuaba el primer pensamiento que había oído.
Identifiqué la «voz» como la de Jessica Stanley. Había pasado ya un tiempo desde que me incordió por última vez con su charloteo interno. Qué alivio sentí cuando ella superó ese desdichado encaprichamiento. Había sido casi imposible escapar de sus constantes y ridículas ensoñaciones. Me dieron ganas en aquel momento de explicarle con toda exactitud lo que podría haber ocurrido si mis labios, y los dientes detrás de ellos, se hubieran encontrado cerca de ella. Esto habría silenciado cualquier tipo de molestas fantasías con bastante rapidez. Pensar en su reacción casi consiguió arrancarme una sonrisa.
Le iría bien engordar un poco, continuó Jessica. En realidad, ni siquiera es guapa. No entiendo por qué Eric la mira tanto... o Mike.
Hizo una mueca mental de dolor al pensar en el último nombre. El nuevo capricho de Jessica, el súper popular Mike
Newton, no sabía ni que ella existía. Sin embargo, no parecía tan insensible a la chica nueva. Otra vez la historia del chico fascinado por un objeto brillante. Aquello dio un giro mezquino a los pensamientos de Jessica, aunque en apariencia se mostraba cordial con la recién llegada mientras le explicaba lo que todos sabían sobre mi familia. La nueva seguramente habría preguntado por nosotros.
Aunque hoy todo el mundo me mira a mí también, pensó Jessica muy pagada de sí misma, en un aparte. Ha sido una verdadera suerte que Bella compartiera dos clases conmigo... Apuesto a que luego Mike querrá preguntarme qué tal es...
Intenté bloquear el absurdo parloteo antes de que sus superficiales e insignificantes pensamientos me volvieran loco.
—Jessica Stanley le está sacando a la Swan, la chica nueva, todos los trapos sucios del clan Cullen —le murmuré a Emmett, para distraerme, que se rió entre dientes y pensó: Espero que lo esté haciendo bien.
—En realidad, es bastante poco imaginativa. Sólo le ha dado un toque escandaloso, nada más. Ni una pizca de terror.
Me siento un poco decepcionado.
¿Y la chica nueva? ¿También se siente ella decepcionada con el chismorreo?
Presté atención a ver si escuchaba lo que esta chica nueva,
Bella, pensaba de la historia de Jessica. ¿Qué vería cuando se fijara en la extraña familia con la piel del color de la tiza, de la que se apartaban todos?
En cierta manera era cuestión de responsabilidad por mi parte conocer su reacción. Yo actuaba de vigía, a falta de un nombre mejor, para proteger a la familia. Si alguien empezara a concebir sospechas, yo los avisaría con tiempo suficiente para poder quitarnos de en medio con facilidad. Había ocurrido de vez en cuando que algún humano con una imaginación despierta nos había identificado con los personajes de un libro o una película. La mayoría de las veces se convencía de su error, pero era mejor trasladarse a otro lugar que arriesgarse a un examen. Rara vez, muy rara vez, alguien adivinaba la verdad y no le concedíamos la oportunidad de comprobar su hipótesis.
Simplemente desaparecíamos, para convertirnos como mucho en un recuerdo aterrador…
No escuché nada por más que fijé la atención en el lugar contiguo al cual continuaba fluyendo de forma compulsivo frívolo monólogo interno de Jessica. Era como si allí no se sentara nadie. ¡Qué curioso!, ¿se habría ido la chica? No parecía probable, ya que Jessica seguía dándole la brasa. Miré hacia allí para comprobarlo, sintiéndome confuso. Comprobar con la vista lo que mi sentido extrasensorial me decía era algo que nunca antes había tenido que hacer.
Mi mirada se trabó de nuevo en esos grandes ojos marrones.
Ella se sentaba en el mismo lugar que antes, y nos miraba, algo natural, supuse, mientras Jessica continuaba regalándole los oídos con los chismorreos locales sobre los Cullen.
Pensar sobre nosotros, sin duda, era algo natural.
Pero no oía ni un susurro siquiera.
Mientras bajaba la mirada, un tentador rubor de un rojo cálido invadió sus mejillas, diferente al de la vergüenza que se siente cuando te han sorprendido mirando fijamente a un desconocido. Era estupendo que Jasper aún estuviera mirando por la ventana. No quería imaginarme lo que ese natural flujo de sangre supondría para su autocontrol.
Las emociones se mostraban tan transparentes en su cara que parecía llevarlas escritas en la frente: sorpresa —como si de forma inconsciente hubiera detectado indicios de las sutiles diferencias entre su naturaleza y la mía—, curiosidad mientras escuchaba la historia de Jessica, y algo más... ¿fascinación?
No sería ésta la primera vez. Éramos hermosos a los ojos de los hombres, nuestras presas potenciales. Y al final, por fin, vergüenza por haberla pillado mirándome.
Aun a pesar de que había mostrado con tal claridad los sentimientos en sus extraños ojos, extraños por lo profundos, de color marrón, que de tan oscuros casi parecían opacos, no oía nada más que silencio en el lugar donde ella se sentaba. Nada en absoluto.
Me sentí incómodo durante unos momentos. Nunca me había encontrado con nada similar. ¿Me pasaba algo malo?
Me notaba exactamente igual que siempre. Preocupado, presté aún más atención.
De pronto, empezaron a gritar en mi cabeza todas las voces de alrededor que había contenido hasta ese momento.
Me pregunto qué música le gustará... Quizás podría mencionar ese nuevo CD..., pensaba Mike Newton, dos mesas más allá, concentrado en Bella Swan.
Eric Yorkie refunfuñaba mentalmente con sus pensamientos girando también alrededor de la nueva. Hay que ver cómo la mira. No le basta con tener a más de la mitad de las chicas del instituto pendientes de él.
Es vergonzoso. Cualquiera pensaría que es famosa o algo por el estilo... La mira incluso Edward Cullen... Lauren Mallory estaba tan celosa que, en realidad, su rostro debería haber tenido el color del jade oscuro. Y Jessica, haciendo ostentación de su nueva mejor amiga. Qué gracia... La mente de la chica continuó escupiendo vitriolo.
Apuesto a que todo el mundo le ha preguntado eso. Pero me gustaría hablar con ella. He de pensar en alguna pregunta más original... meditaba Ashley Dowling.
Quizás esté en mi clase de Español... pensaba esperanzada JuneRichardson.
Esta noche tengo toneladas de trabajo. Trigonometría y los ejercicios de Lengua. Espero que mamá… Angela Weber, un muchacha tranquila, cuyos pensamientos eran generalmente amables, algo poco habitual, era la única en la mesa que no estaba obsesionada con Bella.
Podía oírlos a todos, oía cada insignificancia que se les ocurriera conforme pasaba por su mente, pero nada en absoluto procedente de aquella nueva alumna con esos ojos aparentemente tan comunicativos.
Eso sí, podía escuchar lo que decía cuando se dirigía a Jessica.
No necesitaba leer la mente para oírlas hablar con voz baja y clara en el lado opuesto de la gran estancia.
— ¿Quién es el chico de pelo cobrizo? —le oí preguntar mirándome disimuladamente de reojo, sólo para retirar de inmediato la vista cuando se dio cuenta de que aún seguía con los ojos fijos en ella.
Todavía tuve tiempo de considerar esperanzado que oír el sonido de su voz me serviría para captar el tono de sus reflexiones, perdidos en algún lugar al que yo no podía acceder, pero enseguida me decepcioné. Lo normal es que los pensamientos de la gente tengan el mismo tono que sus voces físicas. Pero esa voz tranquila, tímida, me resultaba poco familiar, no pertenecía a ninguno de los cientos que rebotaban por la habitación, estaba seguro. Era completamente nueva.
¡Ja, buena suerte, idiota!, pensó Jessica antes de contestar la pregunta de la chica.
—Se llama Edward. Es guapísimo, por supuesto, pero no pierdas el tiempo con él. No sale con nadie —levantó la nariz, desdeñosa—. Quizá ninguna de las chicas del instituto le parece lo bastante guapa.
Volví la cabeza para ocultar la sonrisa. Jessica y sus compañeras de clase no tenían ni idea de la suerte que tenían al no interesarme ninguna de ellas en especial.
En ese estado de humor fluctuante, sentí un impulso extraño que no terminé de entender. Quería hacer algo respecto al tono mezquino de los pensamientos de Jessica, de los que la nueva no era consciente… Sentí la extraña urgencia de interponerme entre ellas para proteger a Bella Swan de los oscuros manejos de Jessica. Era algo muy raro en mí sentir aquello.
Intenté llegar hasta las motivaciones que alimentaban dicho impulso y volví a examinar a la chica.
Quizás fuera un instinto protector, el del fuerte sobre el débil, sepultado en alguna parte desde hacía mucho tiempo. La muchacha parecía más frágil que sus nuevas compañeras de clase. Su piel era tan translúcida, que resultaba difícil creer que le ofreciera mucha protección frente al mundo exterior.
Podía ver el rítmico pulso de su sangre a través de las venas bajo esa clara y pálida membrana… Sería mejor que no me concentrara en eso, se me daba muy bien la vida que había escogido, pero estaba tan sediento como Jasper y no tenía sentido darle alas a la tentación.
Tenía una arruguita entre las cejas de la que ella no parecía consciente.
¡Aquello era increíblemente frustrante! Veía claramente el esfuerzo que le costaba estar allí sentada, intentando conversar con extraños, siendo el centro de la atención. Podía adivinar su timidez por la postura de sus hombros, de aspecto frágil, ligeramente hundidos, como si esperara un desaire de un momento a otro. Pero sólo podía adivinar, ver o imaginar. No había más que silencio en esta chica humana tan sumamente corriente. No podía oír nada. ¿Por qué?
— ¿Qué pasa? —murmuró Rosalie, interrumpiendo mi concentración.
Dejé de mirar a la chica y sentí una especie de alivio. No deseaba seguir intentándolo sin éxito, me irritaba. Y no quería desarrollar ningún interés por sus pensamientos ocultos simplemente porque no podía acceder a ellos. Sin duda, cuando pudiera descifrarlos, y seguramente encontraría la manera de hacerlo, serían tan superficiales e insignificantes como los de cualquier otro humano. No merecían siquiera el esfuerzo que me costaría llegar hasta ellos.
— ¿Así que la chica nueva nos tiene miedo ya? —preguntó Emmett, esperando aún una respuesta.
Me encogí de hombros. No estaba lo suficientemente interesado para seguir presionando y obtener más información.
Ni debería interesarme.
Nos levantamos de la mesa y salimos de la cafetería.
Emmett, Rosalie y Jasper simulaban ser estudiantes de último curso, por lo que se dirigieron hacia sus respectivas clases. Yo interpretaba un papel más juvenil, de modo que me encaminé hacia la clase de Biología de primero, preparándome mentalmente para soportar el tedio. Era dudoso que el señor Banner, un hombre de intelecto medio, se las ingeniara para insertar en su explicación algo que pudiera sorprender a alguien que tenía dos licenciaturas en Medicina.
En la clase, me instalé en mi silla y dejé que los libros, puro atrezo, puesto que no contenían nada que no supiera ya, se desparramaran por la mesa. Era el único alumno que no compartía pupitre. Los humanos no eran lo bastante listos para saber por qué me temían, pero su instinto de supervivencia resultaba suficiente para mantenerlos alejados de mí.
El aula se fue llenando despacio conforme los chicos iban regresando del almuerzo en un lento goteo. Me repantigué en la silla y dejé transcurrir el tiempo. De nuevo, deseé ser capaz de dormir.
Su nombre volvió a llamarme la atención, quizás porque estaba pensando en ella cuando Angela Weber la acompañó hasta la clase.
Bella parece tan tímida como yo. Apuesto lo que sea a que este día le está resultando realmente difícil. Ojala supiera qué decirle, pero seguramente sonaría estúpido…
¡Bien!, pensó Mike Newton mientras se revolvía en su asiento para ver entrar a las chicas.
Pero seguía sin leer pensamiento alguno desde la posición ocupada por Bella Swan. El espacio vacío donde deberían estar sus pensamientos me irritaba y desconcertaba.
Bella se acercó a la mesa del profesor avanzando por el pasillo lateral que había a mi lado. Pobre chica, el único pupitre libre era el contiguo al mío. Automáticamente limpié su lado del pupitre, empujando mis libros hasta formar una pila. Dudaba que se sintiera muy cómoda en ese asiento.
Comenzaba lo que para ella prometía ser un semestre muy largo, al menos en esta clase. Sin embargo, quizás podría sacar a la superficie sus secretos al sentarme a su lado; no es que hubiera necesitado antes de proximidad para conseguirlo… y tampoco es que hubiera nada que mereciera la pena escuchar…
Bella Swan caminó hasta interponerse en el flujo de aire caliente que soplaba en mi dirección desde la rejilla de ventilación.
Su olor me impactó como la bola de una grúa de demolición, como un ariete. No existe imagen lo bastante violenta para expresar la fuerza de lo que me sucedió en ese momento.
En aquel instante, no hubo nada que me asemejara a la persona que fui antaño, no quedó ni un jirón de los harapos de humanidad con los que me las arreglaba para encubrir mi naturaleza.
Yo era un depredador; ella, mi presa. No existía en el mundo otra verdad que no fuera ésta.
Para mí ya no había una habitación llena de testigos, porque en mi fuero interno los acababa de convertir a todos ellos en daños colaterales. El misterio de sus pensamientos quedó olvidado. Los pensamientos de Bella no me importaban nada porque no iba a poder pensar por mucho más tiempo.
Yo era un vampiro y ella tenía la sangre más dulce que había olido en ochenta años.
No concebía la existencia de un aroma como ése. Habría empezado a buscarlo desde mucho tiempo antes si hubiera sabido que existía. Hubiera peinado el planeta para encontrarlo.
Podía imaginar el sabor…
La sed ardía en mi garganta como si fuera fuego. Sentía la boca achicharrada y deshidratada y el flujo fresco de ponzoña no hizo nada por hacer desaparecer esa sensación. Mi estómago se retorció de hambre, un eco de la sed. Se me contrajeron los músculos, preparados para saltar.
No había pasado ni un segundo. Ella todavía no había terminado de dar el paso que la había puesto en la dirección del aire que fluía hacia mí.
Conforme su pie tocó el suelo, sus ojos se posaron en mí en un movimiento que ella pretendía que fuera sigiloso. Su mirada se encontró con la mía y me vi perfectamente reflejado en el amplio espejo de sus ojos.
La sorpresa que me produjo ver mi cara proyectada en sus pupilas le salvó la vida en aquellos momentos tan difíciles.
Pero no me lo puso fácil. Cuando ella fue consciente de la expresión de mi rostro, la sangre inundó nuevamente sus mejillas, volviendo su piel del color más delicioso que había visto en mi vida. Su olor era como una bruma en mi cerebro a través de la cual apenas podía razonar. Mis pensamientos bramaron incoherentes, fuera de todo control.
Ella caminaba ahora más despacio, como si comprendiera la necesidad de huir. Los nervios la hicieron comportarse de modo torpe, por lo que tropezó y se tambaleó hacia delante, casi cayendo sobre la chica sentada delante de mí. Parecía débil, vulnerable, incluso más de lo que es habitual en un humano.
Intenté concentrarme en el rostro que había visto en sus ojos, un rostro que reconocí con asco. Era la cara del monstruo que había en mí, el que había combatido y derrotado a lo largo de décadas de esfuerzo y de disciplina inflexible. ¡Con qué rapidez emergía ahora a la superficie!
El olor se arremolinó nuevamente a mi alrededor, dispersando mis pensamientos y casi impulsándome fuera del asiento.
No. Mi mano se aferró a la parte central del borde de la mesa para intentar sujetarme a la silla. Pero la madera no estaba por la labor y mi mano atravesó el armazón y arrancó un puñado de astillas. La forma de mis dedos quedó grabada en la madera.
Destruye la evidencia, ésta era una regla fundamental. Rápidamente pulvericé los bordes que tenían la forma de mis dedos, dejando sólo un agujero desigual y una pila de virutas en el suelo, que dispersé con el pie.
Destruye la evidencia. Daño colateral…
Sabía lo que iba a suceder ahora. La chica debería venir a sentarse a mi lado y yo tendría que matarla.
Los testigos inocentes de la clase, otros dieciocho jóvenes y un hombre, no podrían abandonar la habitación una vez que hubieran asistido a lo que iba a ocurrir en breve.
Me acobardé ante la idea de lo que se avecinaba. Incluso en mis peores momentos, jamás había cometido una atrocidad como ésta. Nunca había matado a inocentes, al menos no en las últimas ocho décadas. Y ahora planeaba masacrar a veinte de una vez.
El rostro del monstruo en mi mente se burló de mí.
Aun cuando una parte de mí intentaba apartarse de aquella idea horripilante, la otra parte planeaba la forma de perpetrarla.
En el caso de que matara a la chica primero, sólo dispondría de quince o veinte segundos antes de que reaccionaran los humanos del aula. Tal vez algo más si no se daban cuenta de lo que estaba haciendo desde el principio. Ella no tendría tiempo de gritar o sentir dolor y yo no la mataría con crueldad.
Esto era todo lo que podía hacer por esta desconocida con esa sangre tan horriblemente deseable.
Pero habría de impedir que escaparan. No debía preocuparme por las ventanas, ya que estaban demasiado altas y eran muy pequeñas para servir a nadie en su huida. Sólo quedaba la puerta, que los dejaría atrapados en cuanto se bloqueara.
Intentar abatirlos a todos cuando estuvieran dominados por el pánico y chillando, en pleno caos, seguramente sería más lento y difícil. No imposible, pero habría mucho ruido y tiempo de sobra para un montón de gritos. Alguien podría oírlos… y me vería forzado a matar incluso a más inocentes en esta hora negra.
El olor me castigó hasta cerrarme la garganta reseca y dolorida.
Además, la sangre de Bella se enfriaría mientras mataba a los otros.
De modo que sería mejor encargarme primero de los testigos.
Me tracé un esquema mental. Yo estaba en mitad de la habitación, en la última fila de la parte de atrás. Empezaría por el lado derecho. Estimé que podría romper aproximadamente entre cuatro y cinco cuellos por segundo, y sería menos escandaloso. El lado derecho sería el de los afortunados porque no me verían llegar. Después daría la vuelta por la parte frontal e iría de delante hacia atrás por el lado izquierdo; matarlos a todos me llevaría a los sumo cinco segundos.
Sin embargo sería tiempo suficiente para que Bella viera con claridad lo que se le venía encima. Suficiente para que tuviera miedo. Suficiente para que gritara, si el susto no la dejaba paralizada en su sitio. Sólo un débil grito que no haría venir a nadie corriendo.
Aspiré una bocanada de aire y el olor se convirtió en un fuego que corrió por mis largas venas vacías y me abrasó el pecho hasta consumir cualquier impulso positivo que hubiera sido capaz de sentir.
En ese preciso momento se estaba dando la vuelta. Estaría sentada a pocos centímetros de mí dentro de escasos segundos.
El monstruo en mi mente sonrió ante la expectativa.
Alguien sentado cerca de mí, a la izquierda, cerró de golpe una carpeta. No miré para ver cuál de los malditos humanos había sido, pero el movimiento envió una bocanada de aire normal, inodoro, hacia mi rostro.
Durante un escaso segundo, pude pensar con claridad. En ese precioso segundo, vi dos rostros en mi mente, uno al lado del otro.
Uno era el mío, o más bien lo había sido: el monstruo de ojos inyectados en sangre que había matado a tanta gente que había dejado de contarlos. Asesinatos racionalizados y justificados.
Un asesino de asesinos; el asesino de otros monstruos menos poderosos. Era consciente de que se trataba de un complejo de dios, si pudiera llamarlo así, el de alguien que cree poder decidir quién merece una sentencia de muerte. Era un compromiso conmigo mismo: me alimentaba de sangre humana, pero en su definición más amplia, ya que mis víctimas eran, debido a sus varios y oscuros pasatiempos, escasamente más humanos que yo.
El otro rostro era el de Carlisle.
No había ninguna semejanza entre ambos rostros. Eran como la noche y el día.
No existía ningún motivo para buscar semejanzas. Carlisle no era mi padre en un sentido biológico estricto y no compartíamos características similares. El parecido en el color de la piel se debía a lo que éramos; todos los vampiros tienen la misma tez helada y pálida. El parecido en el color de nuestros ojos era otra cosa: el reflejo de nuestra mutua elección.
Y aun así, aunque no había base para establecer semejanzas, me imaginaba que mi rostro había comenzado a reflejar el suyo hasta cierto punto, en los malditos últimos setenta años durante los cuales yo había abrazado su camino y seguido sus pasos.
Mis rasgos no habían cambiado, pero a mí me parecía que algo de su sabiduría había marcado mi expresión y que algo de su compasión podía encontrarse en la forma de mi boca, así como trazas de su paciencia eran evidentes en mi ceño.
Todas estas pequeñas mejoras habían desaparecido de la cara del monstruo. En pocos momentos, no quedaría en mí nada que reflejara los años que había pasado con mi creador, mi mentor, mi padre en todos los sentidos que importan. Mis ojos volverían a brillar rojos como los del diablo; toda la bondad habría desaparecido para siempre.
Yo veía el rostro de Carlisle en mi mente, y sus ojos amables no me juzgaban. Sabía que él me perdonaría por el horrible acto que iba a cometer, porque me amaba, porque pensaba que era mejor de lo que realmente era. Y seguiría queriéndome, incluso aunque le demostrara que estaba equivocado.
Bella Swan se sentó en la silla que había a mi lado con movimientos rígidos y forzados, ¿por el miedo?, y el olor de su sangre se extendió como una nube inexorable a mi alrededor.
Le demostraría a mi padre que se había equivocado conmigo.
Y la tristeza de este hecho hería casi tanto como el fuego de mi garganta.
Me aparté de ella con asco, sintiendo repugnancia por el monstruo que deseaba tomarla.
¿Por qué tenía que haber venido aquí? ¿Por qué tenía que existir? ¿Por qué tenía ella que destruir la poca paz que me quedaba en esta existencia mía de redivivo? ¿Por qué había tenido que nacer esta irritante humana? Acabaría conmigo.
Volví la cara para no verla en cuanto me invadió una repentina furia, un odio irracional.
¿Quién era esta criatura? ¿Por qué yo, por qué en ese momento?
¿Por qué debía perderlo todo ahora sólo porque a ella le había dado por escoger esta insólita ciudad para aparecer?
¡¿Por qué había venido hasta aquí?!
¡Yo no quería ser un monstruo! ¡No quería matar en esta habitación llena de niños inofensivos! ¡No quería perder todo lo que había ganado en una vida entera de sacrificio y privaciones!
No podía… Ella no podía hacerme eso.
El olor era el problema, el enorme atractivo de su olor. Si hubiera alguna manera de resistir… Bastaría que otro chorro de aire fresco me aclarara la cabeza.
Bella Swan sacudió su cabello largo, espeso, de color caoba, en mi dirección.
¿Estaba loca? ¡Era como si le diera alas al monstruo! Tanteándole.
Esta vez no había ninguna brisa amable que apartara el olor lejos de mí. Pronto estaría todo perdido.
No, no hubo ninguna brisa. Pero yo no tenía por qué respirar.
Paré el flujo de aire a través de mis pulmones; el alivio fue instantáneo, pero incompleto. Todavía tenía el recuerdo del olor en mi cabeza y el sabor en el fondo de mi lengua. Ni siquiera podría resistir eso durante mucho tiempo. Pero quizás fuera capaz de soportarlo una hora. Una hora. Sólo el tiempo necesario para salir de esa habitación llena de víctimas, víctimas que quizás no tendrían que serlo. Si era capaz de contenerme sólo durante una hora.
No respirar era una sensación incómoda. Mi cuerpo no necesitaba oxígeno, pero iba contra mis instintos. Yo confiaba más en el olor que en cualquiera de los otros sentidos en momentos de tensión. Era el que me guiaba durante la caza y el primero que avisaba en caso de peligro. No solía encontrarme en situaciones difíciles siendo yo un peligro en mí mismo, pero el instinto de supervivencia era tan fuerte en mi naturaleza como en el de un ser humano normal.
Incómodo, pero manejable. Más soportable que olerla a ella y no poder hundir mis dientes en su fina piel, delicada y transparente hasta llegar al cálido, húmedo, pulsante…
¡Una hora! ¡Sólo una hora! Debía dejar de pensar en el olor, en el sabor.
En silencio, la chica mantuvo el pelo entre nosotros, inclinándose hacia delante hasta que dejó caer la melena sobre la carpeta. No podía verle la cara, ni podía intentar leer sus emociones en sus sinceros ojos profundos. ¿Había sido por eso por lo que ella había extendido su cabellera entre nosotros?
¿Quería esconder esos ojos de mi vista? ¿Sólo por miedo?
¿Por timidez? ¿Para mantener ocultos sus secretos?
Mi irritación anterior por no ser capaz de leerle los pensamientos era poca cosa en comparación con la necesidad —y el odio— que me embargaba en ese momento. Porque yo odiaba a esa frágil adolescente que se sentaba a mi lado, la odiaba con la misma fuerza con la que me sentía apegado a mi anterior identidad, al amor por mi familia, a mis sueños de ser algo mejor que lo que era… Odiarla, odiar el modo en que ella me hacía sentir, me ayudaba un poco. Sí, y la irritación que había sentido antes no era importante, pero también me favorecía. Me ceñí a cualquier emoción que me distrajera de imaginar su delicioso sabor…
Odio e irritación. Impaciencia. ¿Es que la hora no iba a terminar nunca?
Y cuando la hora terminara… Entonces ella saldría de esta habitación, y ¿qué haría yo?
Podría presentarme. Hola, me llamo Edward Cullen. ¿Puedo acompañarte a tu próxima clase?
Me contestaría afirmativamente aunque, como yo sospechaba, me temiera, porque era la respuesta educada y apropiada. Bella seguiría la costumbre y caminaría a mi lado. Resultaría bastante fácil llevarla en la dirección equivocada. Un espolón del bosque sobresalía como un dedo hasta tocar la parte posterior del aparcamiento. Podría decirle que había olvidado un libro en mi coche…
¿Se daría cuenta alguien de que yo había sido la última persona con la cual la habían visto? Estaba lloviendo, como siempre.
Dos impermeables oscuros encaminándose en la dirección equivocada podrían despertar un interés excesivo y delatarme.
Además, no era el único que había reparado en ella aquel día, aunque ninguno de forma tan devastadora como yo. Mike Newton, en especial, estaba pendiente de cada cambio de su postura en la silla mientras ella se movía nerviosamente; estaba tan incómoda por estar cerca de mí como cualquiera en su lugar, como yo habría esperado antes de que su olor hubiera destruido cualquier interés caritativo. Mike Newton seguramente notaría si ella salía de clase conmigo.
Podría soportarlo una hora, ¿y dos?
Me estremecí a causa del dolor y la quemazón.
Ella volvería a una casa vacía, ya que el jefe de policía Swan trabajaba a jornada completa. Conocía el edificio, del mismo modo que conocía cada casa en esta ciudad tan pequeña. La casa se encontraba aislada en lo alto de la ciudad, junto a un espeso bosque, sin vecinos cerca. Incluso aunque ella tuviera tiempo para gritar, que no lo tendría, no habría nadie que la escuchara.
Ésta era la manera más responsable de llevar el asunto. Había pasado siete décadas sin probar la sangre humana. Si contenía la respiración, podría aguantar dos horas más. Y cuando ella estuviera sola, no habría ocasión para que nadie resultara herido. Y no existe motivo alguno para precipitarse, el monstruo de mi cabeza me dio la razón.
Era un sofisma pensar que sería menos monstruo por salvar a los diecinueve humanos del aula con esfuerzo y paciencia y matar sólo a esa inocente joven.
Aunque la odiaba, sabía que mi odio era injusto. Me di cuenta de que a quien detestaba realmente era a mí mismo.
Y me odiaría más aún cuando ella hubiera muerto.
Soporté toda la hora así, imaginando las mejores formas de matarla. Evite visualizar el acto real, ya que esto habría sido demasiado para mí. Perdería la batalla y terminaría matándolos a todos. Así que me concentré en el aspecto estratégico del plan y nada más.
Ella me miró más allá de la muralla de sus cabellos en una sola ocasión, casi al final de la clase. Sentía arder en mi interior aquel odio injustificado cuando nuestras miradas se encontraron y lo vi reflejado en sus ojos asustados. El arrebol cubrió sus mejillas antes de que pudiera volver a esconderse en su pelo y yo casi perdí los estribos.
Menos mal que sonó el timbre. Salvado por la campana, igual que en el dicho. Ambos nos habíamos salvado: ella de la muerte, y yo, durante un breve tiempo, de convertirme en la criatura de pesadilla que temía y detestaba.
No pude moverme con la lentitud habitual mientras salía de la clase. Algún observador ocasional hubiera averiguado que había algo raro en mi forma de caminar, pero nadie me prestó atención. Todos los pensamientos humanos seguían girando en torno a la chica que estaba condenada a morir en poco menos de una hora.
Me escondí en el coche.
No quería pensar en mí mismo como en alguien que se debía ocultar. Se parecía demasiado a la cobardía, pero sin duda ése era el caso ahora.
En aquellos momentos, no tenía la disciplina necesaria para permanecer rodeado de humanos. Al concentrar todas mis energías en no matar a uno de ellos, me había quedado sin fuerzas para resistirme frente a los demás. En caso contrario, menuda pérdida. Ya que tenía que rendirme al monstruo, al menos haría que mereciera la pena la derrota.
Puse el CD con la música que por lo general me calmaba, pero me sirvió de poco. No, lo único que en ese momento podía ayudarme era el aire frío, húmedo y limpio que soplaba con la ligera lluvia a través de las ventanas abiertas. Aunque todavía podía recordar el olor de la sangre de Bella Swan con perfecta claridad, inhalar el aire era como limpiar el interior de mi cuerpo de una infección.
Me sentía bien otra vez. Podía pensar de nuevo. Y ahora era capaz de volver a enfrentarme contra lo que no quería ser.
No tenía por qué ir a su casa, ni tenía por qué matarla. Sin duda, yo era una criatura pensante, racional y tenía posibilidad de elegir. Siempre había una oportunidad.
No me había sentido así en la clase, pero ahora estaba lejos de ella. Quizás, si la evitaba cuidadosamente, con mucho, mucho tiento, no tendría necesidad de cambiar de vida. Ahora tenía todo organizado del modo que me gustaba. ¿Por qué debía permitir que esa deliciosa e irritante personita lo arruinara todo?
No tenía por qué disgustar a mi padre, ni causar tensión, preocupación o dolor a mi madre. Sí, aquello también iba a disgustar a mi madre adoptiva. Y Esme era tan dulce, tan amable, tan gentil. Provocar dolor a alguien como Esme era verdaderamente imperdonable.
Qué irónico sonaba mi deseo de proteger a esa joven humana de la amenaza irrisoria y torpe de los pensamientos despectivos de Jessica Stanley. Yo era la última persona que podría haberse erigido nunca como defensor de Isabella Swan. Ella nunca necesitaría protegerse tanto de nada como de mí mismo.
De pronto, me pregunté dónde estaría Alice. ¿No me había visto matar a la joven Swan de mil formas diferentes? ¿Por qué no había venido en mi busca o en mi ayuda, para detenerme o al menos limpiar las evidencias? ¿Estaba ella tan absorta vigilando a Jasper de que se metiera en problemas que no había sido consciente de otras posibilidades mucho peores?
¿Era yo más fuerte de lo que pensaba? ¿Y si realmente no iba a hacerle nada a la joven? No. Yo sabía que eso no era verdad.
Alice debía de estar muy concentrada en Jasper.
Busqué en la dirección en que sabía que la iba a encontrar, dentro del pequeño edificio donde se impartían las clases de inglés. No me llevó mucho localizar su «voz» familiar. Y llevaba razón. Volcaba todos sus pensamientos en Jasper, vigilando las mínimas posibilidades minuto a minuto.
Deseaba pedirle consejo, pero, al mismo tiempo, me alegraba que ella ignorase de lo que yo era capaz y que, en la última hora, hubiera considerado seriamente la posibilidad de provocar una masacre.
Un nuevo fuego recorrió mi cuerpo, el de la vergüenza. No quería que ninguno de ellos lo supiera.
Si lograba evitar a Bella Swan, si me las arreglaba para no matarla —el monstruo se retorció y le rechinaron los dientes de frustración sólo de pensarlo—, en tal caso, nadie se enteraría.
Si pudiera alejarme de su aroma…
No había razón alguna para no intentarlo al menos. Elegir lo correcto. Tratar de ser lo que Carlisle pensaba que era.
La última hora de clase estaba a punto de terminar. Decidí llevar a la práctica mi nuevo plan de inmediato. Era mejor que quedarme sentado en el aparcamiento, donde ella podría pasar cerca de mí y acabar con mi empeño. Volví a sentir un encono injustificado por la muchacha. Odiaba que, sin saberlo, tuviera ese poder sobre mí, que ella me pudiera convertir en algo ultrajante.
Crucé el pequeño campus muy rápido —tal vez demasiado, pero no había testigos— en dirección a la oficina. No había razón para que mi camino y el de Bella Swan se cruzaran. Debía evitarla como a la pequeña peste que era.
La oficina estaba vacía, a excepción de la secretaria, la única persona a la que quería ver.
No oyó mi sigilosa entrada.
— ¿Señora Cope?
La pelirroja de bote alzó la vista y abrió los ojos de forma desmesurada. Estos correctores de exámenes… siempre los sorprendía con la guardia baja, jamás se enteraban de nada, sin importar cuántas veces nos hubieran visto con anterioridad.
— ¡Oh! —exclamó entrecortadamente. Estaba un poco agitada. Estúpida, pensó en su fuero interno, es lo bastante joven para ser mi hijo, demasiado joven para pensar en él de esa forma…—.Hola, Edward. ¿En qué te puedo ayudar?
La mujer agitó las pestañas detrás de las gruesas gafas. Estaba incómoda, pero yo sabía ser encantador cuando me lo proponía.
De hecho, me resultaba muy fácil, conocía de inmediato qué tono adoptar o qué gesto realizar.
Me incliné hacia delante y sostuve su mirada como si observara intensamente esos corrientes ojillos castaños suyos. La mujer era ya un manojo de nervios. Esto iba a resultar sencillo.
—Me preguntaba si me podría ayudar con mi horario de clases —dije con la voz suave que reservaba para cuando no deseaba atemorizar a los humanos.
Oí cómo aumentaba el ritmo de los latidos de su corazón.
—Por supuesto, Edward. ¿Cómo puedo ayudarte? —demasiado joven, demasiado joven, se gritaba a sí misma. Se equivocaba, por supuesto. Yo tenía más años que su abuelo, aunque, según mi permiso de conducir, ella tenía razón.
— ¿Sería posible cambiar la clase de Biología por otra de mayor nivel científico? Tal vez Física…
— ¿Tienes algún problema con el señor Banner, Edward?
—En absoluto. Lo único que ocurre es que ya he estudiado ese temario…
—… en esa escuela de enseñanza acelerada a la que asististeis en Alaska, cierto —frunció los labios mientras lo consideraba. Todos deberían estar en la universidad. He oído las quejas de los profesores. Destacan en todo, no vacilan al contestar, jamás se equivocan en un examen… parece que hubieran encontrado la forma de engañarnos en cada asignatura. El profesor Varner estaría dispuesto a creer que nos están haciendo trampas antes que aceptar que un alumno es más inteligente que él… Apuesto a que su madre les da clases…—. En realidad, no caben más alumnos en Física. Al profesor Banner le disgusta tener más de veinticinco alumnos en una clase.
—Yo no sería ningún problema.
Por supuesto que no. Un perfecto Cullen no lo sería nunca.
—Ya lo sé, Edward, sólo que no hay suficientes pupitres…
—En ese caso, ¿podría no asistir a clase? Emplearía ese tiempo en estudiar por mi cuenta.
— ¿No asistir a clase de Biología? —se quedó boquiabierta. Es una locura. ¿Tan difícil te resulta aguantar una asignatura que ya te sabes? Tiene que haber algún problema con el profesor Banner. Me pregunto si debería hablar con Bob del tema—. No tendrás suficientes créditos para graduarte.
—Ya recuperaré al año que viene.
—Tal vez deberías comentarlo antes con tus padres.
La puerta se abrió a mis espaldas, pero fuera quien fuera no me importunó con sus pensamientos, por lo que ignoré esa entrada y me concentré en la señora Cope. Me incliné un poco más cerca y le sostuve la mirada con los ojos abiertos. Hubiera funcionado mejor de haberlos tenido dorados en lugar de negros. La negrura atemoriza a la gente, como debe ser.
—Por favor, señora Cope —modulé la voz del modo más suave y persuasivo que pude, y puedo ser considerablemente persuasivo—. ¿No hay ninguna otra clase donde haya sitio para mí? Estoy convencido de que debe de haber un resquicio en algún sitio. Biología como sexta hora de clase no puede ser la única opción…
Le sonreí a la par que procuraba no mostrar mucho los dientes para no asustarla y suavizar la expresión del semblante.
Su corazón resonó con más fuerza.
Demasiado joven, se recordó frenéticamente.
—Bueno, tal vez podría hablar con Bob, quiero decir, con el señor Banner y ver si…
En un segundo cambió todo: la atmósfera de la habitación, mi misión en la misma, la razón por la que me inclinaba hacia la mujer pelirroja… Lo que antes tenía un propósito concreto, ahora se había convertido en otro muy distinto.
Un segundo fue todo lo que necesitó Samantha Wells para abrir la puerta y depositar con retraso la hoja de firmas en la cesta situada en la entrada. Un segundo fue lo que tardó el golpe de viento que se coló por la puerta en sacudirme. Un segundo fue todo lo que necesité para comprender por qué esa primera persona no me había interrumpido con sus pensamientos nada más entrar.
Aunque no necesitaba asegurarme, me volví. Lo hice despacio, pugnando por controlar los músculos que se negaban a obedecerme.
Bella Swan estaba ahí en frente, de pie, con la espalda apoyada contra la pared al lado de la puerta, con un papel apretado entre las manos. Sus ojos se abrieron aún más de lo habitual cuando asimiló mi mirada feroz, inhumana.
El olor de su sangre saturó cada partícula de aire en la habitación pequeña y calurosa. Mi garganta estalló en llamas.
El monstruo me observó de nuevo desde el espejo de sus ojos, una máscara de maldad.
Mi mano vaciló en el aire sobre el mostrador. No tendría siquiera que mirar hacia atrás para coger la cabeza de la señora Cope y aplastarla contra la mesa con fuerza suficiente para matarla. Dos vidas, mejor que veinte. Una ganga.
El monstruo esperaba ávido y hambriento a que lo hiciera.
Pero siempre debe haber una posibilidad de elegir, tenía que haberla.
Interrumpí el movimiento de mis pulmones y fijé el rostro de Carlisle delante de mí. Me volví para encarar a la señora Cope y escuché la sorpresa interna que le había causado el cambio en mi expresión.
Echando mano del autocontrol que había tenido tiempo de practicar en décadas de esfuerzo, conseguí que mi voz sonara aún más monótona y suave. Quedaba suficiente aire en mis pulmones para hablar una vez más, apresurando las palabras.
—Bueno, no importa. Ya veo que es imposible. Muchas gracias por su ayuda.
Giré y me lancé fuera de la habitación al tiempo que intentaba no sentir la calidez de la sangre dentro del cuerpo de Bella cuando pasé a escasos centímetros de ella.
No paré hasta llegar a mi coche, moviéndome demasiado rápido todo el camino hasta allí. La mayoría de los humanos se habían marchado ya, por lo que no hubo muchos testigos.
Oí a un alumno de segundo, Austin Marks, darse cuenta y luego pensar que era imposible...
De donde habrá salido Edward Cullen, es como si se hubiera materializado en el aire... Ya me vale, ya estamos con la imaginación otra vez. Mamá siempre dice...
Los demás estaban allí cuando me deslicé dentro del Volvo.
Intenté controlar la respiración, pero tragaba a grandes bocanadas el aire fresco, como si estuviera sofocado.
— ¿Edward? —me preguntó Alice con voz preocupada.
Sólo sacudí la cabeza en su dirección.
— ¿Qué demonios te ha pasado? —inquirió Emmett, distraído en ese instante por el hecho de que Jasper no estaba del mejor humor para su revancha.
En vez de contestar, lancé el coche marcha atrás. Debía salir de allí antes de que Bella Swan me siguiera incluso al aparcamiento.
Mi propio demonio personal, hechizándome... Hice girar el coche y aceleré. Cogí los setenta antes de llegar a la carretera y una vez en ella, llegué a los ciento diez antes de doblar la esquina.
Sin mirar, supe que Emmett, Rosalie, y Jasper se habían vuelto todos para observar fijamente a Alice, que se encogió de hombros. No podía ver lo que había pasado, sino lo que estaba por pasar.
Y luego miró hacia adelante para ocuparse de mí. Ambos procesamos lo que ella veía en su cabeza y ambos nos sorprendimos por igual.
— ¿Te marchas? —susurró ella.
Los otros se volvieron para observarme a su vez.
— ¿Voy a hacerlo? —susurré entre dientes.
Entonces, vio que mi futuro tomaba un giro mucho más oscuro cuando flaqueaba mi resolución.
—Oh.
Bella Swan estaba muerta. La sangre fresca arrancaba brillos escarlata a mis ojos. Luego, había una investigación y transcurría un largo plazo de espera, por precaución, antes de que volviera a ser seguro que saliéramos, para empezar de nuevo…
—Oh —dijo otra vez.
La imagen de su visión se volvió más detallada. Contemplé el interior de la casa del Jefe Swan por primera vez, y vi a Bella en una cocina pequeña de armarios amarillos, dándome la espalda mientras yo la acechaba desde las sombras… hasta que el olor me llevara hasta ella…
— ¡Detente! —gruñí, incapaz de soportarlo más.
—Lo siento —susurró ella con ojos dilatados.
El monstruo se regocijó.
Y la visión de la mente de Alice volvió a cambiar. Una autopista vacía, por la noche, flanqueada por árboles cubiertos de nieve que desfilaban a más de trescientos por hora.
—Te echaré de menos.
Emmett y Rosalie intercambiaron una mirada de aprehensión.
Estábamos a punto de llegar al lugar donde teníamos que girar para tomar el largo camino que nos llevaba a casa.
—Bajémonos aquí —les instruyó Alice—. Debes decírselo tú mismo a Carlisle.
Asentí y las ruedas del coche chillaron al frenar bruscamente.
Emmett, Rosalie y Jasper descendieron en silencio. Harían que Alice se lo explicara todo cuando yo me hubiera marchado.
Ella me tocó el hombro.
—Harás lo correcto —murmuró, pero esta vez no era una visión, sino una orden—. Charlie Swan no tiene más familia. Eso le mataría a él también.
—Sí —dije yo, aunque sólo podía estar de acuerdo con Alice en la última parte de la frase.
Ella se deslizó fuera para reunirse con los otros, con las cejas fruncidas, llena de ansiedad. Desaparecieron entre los árboles y estuvieron fuera de mi vista antes de que pudiera dar la vuelta al coche.
Aceleré de regreso a la ciudad, y supe que las visiones en la mente de Alice estarían tornando del negro al blanco como si fueran una luz estroboscopia. Mientras conducía de vuelta a Forks a ciento cincuenta, no estaba seguro de hacia dónde iba.
¿A despedirme de mi padre o a abrazar al monstruo que moraba en mi interior? La carretera desaparecía bajo las ruedas.

14 de mayo de 2009

Luna Nueva



La secuela de Crepúsculo, Luna Nueva, esta a muy pocas semanas de comenzar su rodaje y se comenzaron a revelar algunos datos sobre la misma. Además, ya está confirmada la fecha de estreno de Eclipse, la tercera entrega. Pasamos a listarte estas noticias para que sea más interesante su lectura:
1-El comunicado oficial de Summit dice que “Eclipse, el tercer filme de la saga de Twilight, llegará al cine en Norte América el 30 de Junio del 2010”.
2-El actor Bronson Pelletier fue confirmado para Luna Nueva pero todavía no se sabe a que personaje interpretará. Los Rumores dicen que podría ser Quil, Embry o Sam Uley.
3-Eclipse no estaría dirigida por Chris Weitz sino por otro director. ¿Será el turno del español Juan Antonio Bayona, responsable de la exitosa El Orfanato?
4-Rob Pattinson no quiere estar en el soundtrack de Luna Nueva pero todos los rumores indican que Paramore seguirá siendo la “banda oficial de Crepúsculo”.
5-Después de muchos rumores e idas y vueltas, parece que AnnaLynne McCord finalmente no interpretará a Heidi en Luna Nueva por causas que aún no se dieron a conocer.

Esto es todo por hoy. Pero, recapitulemos algo: Luna Nueva se estrena el 20 de noviembre de este año y Eclipse el 30 de julio del 2010.

11 de mayo de 2009

Los Vulturis


Los Vulturis son una antigua y poderosa familia de vampiros, algo parecido a la realeza en los humanos. Viven en un castillo medieval, en Volterra, Italia.

Los principales son tres: Aro, Cayo y Marco, aunque con el tiempo se les unieron tres hembras: Sulpicia, Athenodora y Didyme (fallecida) que son sus compañeras respctivamente.

Al ser los vampiros más antiguos, son la casta gobernante y quienes hacen valer las reglas, que en realidad es solo una: pasar desapercibidos ante los humanos. Cuando alguien pone al descubierto su identidad vampírica, los Vulturis actúan y lo destruyen para evitar comprometer al resto o a ellos mismos.

Se cree que tienen cerca de tres mil años y desde entonces mantienen el dominio de la ciudad, desde tiempos de los etruscos. Su objetivo es hacer de Volterra la ciudad más segura en cuanto a ataques de vampiros se refiere y debido a esa razón tienen prohibido que alguno de su especie cace en la zona.

Sólo salen de la ciudad para atender los llamados del deber, de esta forma se mantienen al tanto de lo que sucede; quienen los alimentan son los integrantes de la guardia, que regularmente son nueve miembros, algunos de ellos transitorios y traen el sustento desde lugares lejanos para no comprometer a los demás. Los integrantes de la guardia poseen talentos y son elegidos por los Vulturis debido a ellos.

Se cree que la habilidad para permanecer tanto tiempo juntos y de forma pacífica, es la edad, ya que por regla general los vampiros viven de forma solitaria o en pareja.

Los Vulturis son rígidos y estrictos, no ofrecen segundas oportunidades para quien quebranta las reglas.

[editar] Aspecto físico
Marco:

Cabello negro
Cayo:

Melena blanca
Aro:

Cabello largo de color negro. Su parecido con los demás es casi nulo.
Todos ellos presentan características similares en cuanto al tono de piel: es de color blanco, translúcido y de aspecto muy delicada.

[editar] Intervención en las novelas
En Crepúsculo son mencionados por Edward cuando entran al despacho de Carlisle y momentos después le comenta a Bella una parte de la historia de estos personajes.

En Luna Nueva es donde entran en acción, durante el viaje que realiza Edward hacia Italia, debido a la confusión por la muerte de Bella, les pide que lo destruyan. Después de meditarlo, rechazan su petición y a cambio le ofrecen un puesto junto con Alice en la guardia debido a su habilidad para leer la mente.

En Eclipse, después de la unión de licántropos y los Cullen, cuando terminan con el ejército de Victoria. Deciden hacer valer las reglas demasiado tarde y sólo son partícipes de lo que dejó la batalla entre neófitos y la Unión.

Edward Cullen


Personaje de Crepúsculo, Luna nueva, Eclipse, Amanecer, Midnight Sun (aún sin publicar)
Creador(es)
Stephenie Meyer
Interpretado por
Robert Pattinson (Crepúsculo)
Información
Raza
Vampiro, Haplogrupo R del cromosoma Y de los caucásicos europeos
Sexo
Masculino
Edad
17 (biológica)104 (cronológica, Crepúsculo novela)108 (cronológica, Crepúsculo película)
Nacimiento
20 de junio de 1901
Fallecimiento
verano de 1918 (como humano)
Ocupación
Estudiante
Familia
Edward Masen, Sr. (padre biológico)Elizabeth Masen (madre biológica)Esme Cullen (madre adoptiva)Carlisle Cullen (padre adoptivo)Alice Cullen y Rosalie Hale (hermanas adoptivas)Jasper Hale y Emmett Cullen (hermanos adoptivos)Charlie Swan (suegro)Renée Dwyer (suegra)
Cónyuge
Bella Swan
Hijos
Renesmee Carlie Cullen
Residencia
Forks, Washington, Estados Unidos
Perfil en IMDb
Edward Cullen (nació Edward Anthony Masen) es un personaje ficticio de la Saga Crepúsculo; una saga de novelas de la autora Stephenie Meyer, que consta de los libros Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse, Amanecer y el aún no publicado Midnight Sun (Sol de Medianoche)

Biografía [editar]
Edward Cullen nació en Chicago el 20 de junio de 1901; su nombre completo original era Edward Anthony Masen. No se sabe mucho sobre su vida humana, pero se explica que cuando tenía 17 años su mayor deseo era ser un soldado. No logró hacer realidad su sueño ya que en 1918, cayó bajo una enfermedad de su época muy grave (la epidemia de gripe española); sus padres sufrieron tal enfermedad. El primero en morir fue su padre, el cuál se llamaba Edward; un médico llamado Carlisle Cullen era quien llevaba su caso en el hospital donde estaban ingresados con otras víctimas de la epidemia. Cuando la madre de Edward (Elizabeth) estaba a punto de morir, le pidió a Carlisle que salvara a su hijo fuera como fuera. Carlisle llega a sospechar que la mujer sabía que él era un vampiro y que podía salvar a su hijo convirtiéndolo (Edward tenía los mismos ojos de su madre color verde y cabello cobrizo). Cuando Edward está a punto de morir, Carlisle lo salva convirtiéndolo en vampiro, tal y como la madre del chico le había pedido; esto ocurrió en el verano (boreal) de 1918 según el relato del propio Edward a Bella. De esta forma, Edward se convierte en el primer hijo adoptivo de Carlisle Cullen, antes incluso de que éste hubiera creado a su mujer, Esme. Al convertirse en vampiro, Edward recibe el don de leer la mente. Al principio Edward no soporta la dieta del doctor Cullen por lo que decide seguir su propio camino; así que diez años después de su conversión (por lo tanto, en 1928) Edward se separa de Carlisle para emprender una vida de nomada. Carlisle, en ningún momento intentó retener a Edward a su lado. Le dijo que hiciera lo que quisiese, con todo y eso, también le dijo que si algún día querría volver a su lado, él estaría encantado. Edward agradece el ofrecimiento, pero decide emprender su propio camino. Edward a diferencia de Rosalie (Esme si la había probado), sí ha probado la sangre humana, matando principalmente a personas malas y criminales, que en su opinión estos matarían a otra persona si el no estuviese, así no se perdería una vida humana buena sino un criminal que no debe tener derecho a vivir. De esa forma, estuvo algunos pocos años hasta que un día decidió que lo que estaba haciendo, lo hacían los monstruos (él lo describe como un "complejo de dios", decidiendo quien merece la sentencia de muerte) y como él no quería serlo, volvió con Carlisle, siguiendo, al igual que él, una vida a base de sangre animal. Tiene muy buena relación con toda la familia, sin embargo tiene cierta distancia con una de sus hermanas adoptivas, Rosalie Hale. A Edward no le gustaba la forma de ser de la chica, nunca fueron muy cercanos. Esto fue porque Rosalie era demasiado obstinada y al darse cuenta de que Edward no la trataba como ella esperaba (ella estaba acostumbrada a que la alabaran por su grandiosa belleza en su anterior vida humana)y como él no le prestaba la menor atención, y porque él la había ofendido la primera vez que lo oyó hablar, empezaron a tener una relación distante. Carlisle esperaba que Edward sintiera por ella, lo que él siente por su esposa Esme, sin embargo no tuvo el menor éxito. Después de casi 100 años, conoce a una chica llamada Isabella Swan (Bella), hija del jefe de policía local (Charlie). Al principio Edward siente un odio tremendo hacia Bella ya que la sangre de esta era demasiado apetecible para Edward por lo que necesita de todo su autocontrol para no matarla y decepcionar a su familia, pero a pesar de que Edward se mantiene lo mas alejado de Bella, al punto al que fue a Alaska por una semana pero se da cuenta de que no puede permanecer lejos de ella por una fuerte necesidad de estar a su lado y protegerla; en realidad está enamorado de ella y no existía nada mas importante para él que Bella. Sabe que ese amor es peligroso, especialmente para Bella pero ambos están dispuestos a seguir con éste. Su amor increíble hace que ambos este ligados sin poder permanecer separados, peligroso pero dulce a la vez. Es el amor que todos querrían sentir antes de morir, pues Edward siente lo que nunca había sentido en casi 100 años(se volvía a sentir "humano") gracias a aquel sentimiento que Bella había despertado en él, y a Bella le hace sentir la misma intensidad, su mundo ahora giraba alrededor de Edward. Bella está tan enamorada de Edward que está dispuesta a dejar toda su vida atrás, para convertirse en inmortal. Se enamoro de Bella. pero el empieza a sentir miedo ya que sabe que Bella corre peligro al estar con el, tanto asi que para el cumpleaños 18 de ella, Jasper la ataca cuando por descuido se corta el dedo con el papel de regalo y es cuando decide que lo mejor para ella es que ya no esten juntos, se despide de ella diciendole que el no la quiere. Cuando se casa con ella, la deja embarazada, en el parto se convierte en vampira, Renesmee Carlie Cullen es el nombre de la hija de Edward y Bella.

La Apariencia Física [editar]
En la saga "Crepúsculo", Edward es descrito por Bella como un ser imposiblemente hermoso. En varias ocasiones ella menciona la perfección de sus facciones faciales - pómulos salientes, una fuerte mandíbula, nariz recta, labios redondeados - y físicas, y hasta llega a compararlo con el Dios Adonis de la mitología griega. La piel es blanca como mármol, casi tan fría como el hielo, y brillante a la luz del sol. El pelo, despeinado, retiene la sombra excepcional cobriza que él heredó, en su vida humana, de su madre biológica. Los ojos, hipnóticos e irresistibles, toman color de acuerdo a la fuerza de su sed, adquiriendo un color oscuro como el onix cuando esta sediento , o un color tan claro y brillante como el topacio cuando no tiene sed. Su cuerpo es esbelto, fuerte y musculoso y usa su propio perfume llamado ¨Dazzel you¨ que ya esta en la venta.

Película [editar]
La película se estrenó el 21 de noviembre de 2008. El personaje de Edward Cullen es interpretado por Robert Pattinson, tras una audición que consistía en una escena romántica del film con Kristen Stewart (Bella Swan), supervisada por la directora Catherine Hardwicke.
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Edward_Cullen"

Entrevista a Kristen Stewart sobre Luna Nueva


Entrevista a Kristen Stewart sobre Luna Nueva Movies Online nos trae una entrevista con Kristen Stewart en la que hablan de Luna Nueva y la actriz nos dice que la película comenzará a rodarse el 23 de marzo.


Estuvimos con Kristen Stewart para hablar sobre su próxima película, la secuela de Crepúsculo. Movies Online se quedó atrapado esta mañana en Los Ángeles con nuestra actriz favorita, puesto que hoy era el día del pase de prensa de "The cake eaters". Por supuesto le preguntamos sobre las últimas noticias de Crepúsculo y Luna Nueva, que comueza a rodarse este mes. Además le dimos la oportunidad de recordar la entrevista de Nylon.


Kristen es una magnífica persona que realmente aprecia su tiempo. Esto es lo que tenía que decirnos:

Q: Desde la entrevista que salió en Nylon, ¿te sientes como si estuvieras jugando con fuego al hablar de los fans de Crepúsculo?


Kristen Stewart: No porque me encantan los fans de Crepúsculo. Literalmente nunca he dicho nada negativo acerca de ellos. Tienes que mantenerte alejado de determinadas palabras que pueden ser tomadas de forma negativa, como la palabra "psicóticos" al parecer es realmente mala. No entiendo por qué. Quiero decir, siento que realmente se trata de tomar una humilde posición puest que no es normal encontrarse en una situación con 5000 niñas gritando y que están, litermalmente, como forraje. Siento que no es normal y no es algo en lo que se pueda decir: "Oh sí, es realmente genial. Me encanta" Siento todo lo que dije en la entrevista de Nylon, si lo lees todo, y fue muy honesto y verdadero lo que dije sobre esto en lo que estoy metida y sobre lo que no tengo ningún control. Solo intento ser honesta y permanecer fiel a algo que me importa. Sí, eso es todo.

Q: Bueno, permítime llevarla al contexto adecuado. ¿Cuándo comezará el rodajde de la próxima entrega de la saga Crepúsculo, Luna Nueva?


Kristen Stewart: En un par de semanas. El 23 de marzo creo que es el primer día de rodaje oficial.



Q: ¿Estás muy entusiasmada? ¿Hay una parte que estés deseando rodar?


Kristen Stewart: Así es. Quiero decir, es interesante. Es una historia completamente diferente. Es como que mina totalmente la primera. Edward se ha ido y, para mí, esa era toda la historia. Es difícil para mí pasar como... no sé cómo Bella va a tratar con eso. Ella madura mucho. Es una historia mucho más dolorosa que la primera. En realidad es bastante devastador. Es una escala más pequeña también. Ella está muy sola durante batante tiempo por lo que será interesante. Estoy muy entusiasmada con ello.

5 de mayo de 2009

Brujas


Son muchas las leyendas y las historias que se cuentan sobre las brujas... verrugas horribles, escobas voladoras, gatos negros que las rondan... ¡¡hasta oscuros pactos con el Diablo!!

Se las asocia muy a menudo con maldad y con oscuridad, tal vez porque se las sabe amigas de la luna y de la noche, y lo maligno siempre se ha contrapuesto a la luz, a lo luminoso. Quizá solo fueron mujeres que no adoraron a más dios que la noche o la madre Tierra (quién mejor que ellas conocía las propiedades ocultas de las plantas, ¿regalo de la naturaleza a quien supiera entenderlo?). Y quizás ese paganismo tuvo un precio demasiado alto para muchas...

En las sociedades primitivas, la agricultura y la recolección era terreno de las mujeres. Mientras los hombres salían a cazar, las mujeres aprendieron, primero, a elegir, de entre los que la naturaleza les ofrecía, los alimentos aptos de los que no lo eran. Más tarde, aprenderían que eran capaces de "dominar" este proceso de algún modo, y hacían crecer alimentos por sí mismas. Esto requería una mayor observación de la tierra, de los fenómenos naturales, del clima, las estaciones... un mayor contacto con su entorno (y esto lo seguimos observando en las mujeres a las que luego se llamó brujas).

También, en muchas sociedades antiguas, ha habido cierto temor a la mujer, sobre todo por la incomprensión de algunas de sus capacidades. La mujer engendra vida (por supuesto, tarea imposible sin un hombre) y este mecanismo por el que un bebé nacía del cuerpo de la mujer resultó incomprensible mucho tiempo... y ya se sabe que lo desconocido suele ser amigo del miedo.



PASEANDO POR LA HISTORIA...


Las supuestas brujas fueron perseguidas durante largo tiempo, muchas veces por miedo, otras siendo utilizadas como cabezas de turco, y en algunos momentos de crisis acusar al vecino de brujería llegó a ser una forma rápida y eficaz de librarse de él.

Ya Carlomagno (siglo VIII) ordenó la muerte para quienes provocaban tempestades que estropeaban las cosechas, hacían estéril al ganado o causaban enfermedades a otras personas. El cómo se probaban estas acusaciones no parece muy "científico".

Documentos religiosos anteriores lo que condenaban era creer en brujería, y encomendaban a los sacerdotes la misión de velar por que sus feligreses no cayeran en las ilusiones de Satán, que era quien les hacía ver esos fenómenos inexplicables (como creerse capaces de volar a lomos de bestias salvajes o ver tal cosa). Esto se recoge en el Canon de Episcopio, que parece ser del Concilio de Ancyra, siglo IV. Sin embargo, siglos más tarde, los inquisidores optan por obviar el contenido del Canon, aduciendo que había surgido una nueva secta de verdaderos adoradores de Satán a la que había que combatir. Describían los encuentros nocturnos en los que se aparecía el Diablo en forma de cabra y se llevaban a cabo rituales demoníacos. Llamaban a perseguir a las brujas por herejes y para darles el oportuno castigo. Estábamos a mediados del siglo XV.

¿Miedo real o ficticio? ¿Manipulado o espontáneo? Lo que sabemos es que Europa era asolada por frecuentes epidemias de peste, lo que la situaba en una gran crisis colectiva... la gente asustada suele necesitar un culpable, y suele ser también fácil de manipular...

En 1484 el Papa Inocencio VIII promulga una bula, la Summis desiderantes, en una especie de declaración de guerra abierta contra las brujas, que instigadas por el Maligno, Enemigo de la Humanidad, asesinaban a niños en el vientre de la madre y se daban a los excesos... Probablemente la mención a las muertes de niños se refiera a que, debido a los conocimientos que solían tener una parte de las mujeres sobre hierbas y al mejor conocimiento del cuerpo femenino, ellas eran las que practicaban los abortos cuando se daban. Y en cuanto a los excesos... bien, para la mentalidad de la época, el que un grupo de mujeres se reuniera por las noches para charlar, bailar bajo la luna sin pudor (se cuenta que muchas veces bailaban desnudas) y en fin, divertirse en una especie de comunidad femenina, no debía ser fácil de entender. Y lo que no entendemos o no compartimos lo situamos muy rápidamente en la frontera de excesivo, y entrando en temas religiosos, se tacha de inmoral o pecaminoso. Tal vez mantenían además contactos sexuales entre ellas, tal vez las alusiones al macho cabrío que aparecía sean referencias a varones que las acompañaban a veces...

A partir de ese momento, se designa a los dominicos Kramer y Sprenger como inquisidores encargados de perseguir estas "depravaciones". Estos serían los autores del Maellus maleficarum o Martillo de las maléficas (1486). Se abría la veda para la persecución con todas sus consecuencias, pudiendo recurrir sin problemas a las torturas con tal de lograr confesiones... Aumenta espectacularmente el número de brujas... y es que ante las brutales torturas, quien más quien menos confesaba lo que le pidieran.

No era la primera vez que los teóricos pactos con Satán daban pie a persecuciones. Ya en 1232, el Papa Gregorio IX incluyó este aspecto en sus bulas, acusando a los habitantes de Stedingerland, en Oldemburgo, de pactos con el Maligno que conllevaban toda serie de rituales sexuales con zoofilia incluida, relaciones incestuosas y homosexuales, a las que no dudaba en equiparar y condenar. El desencadenante en este caso fue la negativa de estas gentes a pagar el diezmo al obispo de Bremen... aunque relacionar esto con pactos satánicos parece exagerado...




INQUISICIÓN



Los juicios que se llevaban a cabo por brujería distaban mucho de ser ejemplo de justicia. Para la acusación bastaba la sospecha, no eran necesarias pruebas, no había opción a defensa y las confesiones o delaciones hechas bajo tortura eran usuales y totalmente válidas. Incluso si el sospechoso no confesaba después de ser torturado, esto se interpretaba a veces como un signo más de lo fuerte que era la intervención del Diablo.

Sin embargo, solía darse el caso de que una vez apresada una bruja, aparecían muchas más en la zona... la explicación oficial era que si el Diablo andaba cerca, poseería a cuantas más mejor... pero las acusaciones falsas, una suerte de psicosis colectiva o puede que incluso cierta rebeldía ante la injusticia tal vez fueran causas más reales.

Algunas voces advirtieron de la poca fiabilidad de los procesos inquisitoriales desde dentro. Así, Alonso Salazar y Frías, inquisidor que había tomado parte en el proceso de Logroño de 1610, estableció al hacer la revisión del proceso que la mayoría de las acusaciones eran falsas, y que no se había actuado correctamente. Incluso concluyó que todo había sido un exceso de imaginación por parte de unos y de otros, en parte motivada por los sermones de la Iglesia. El jesuita Friedrich von Spee se pronunció en un sentido parecido, cuando sin negar la existencia de brujas o de intervenciones satánicas, habló de la injusticia que había comprobado en los procesos inquisitoriales. Y otro punto de vista más fue el que aportó el humanista Pedro de Valencia, que hablaba de los aquelarres o reuniones de brujas como de fiestas de gente en busca del placer, todo lo más, bacanales, y que explicaba las supuestas visiones mágicas como ilusiones, efecto de drogas... negando toda intervención del Diablo en ellas.

¿Cuáles eran los crímenes que supuestamente habían cometido estas personas? En la obra "Demonomanía de los brujos" se hace un listado de los mismos entre los que se incluyen renegar de Dios, maldecirlo, rendir homenaje al Demonio, dedicarle sacrificios, ofrecerle hijos antes de que nazcan, matar niños para hacer pócimas con ellos, comer carne humana, profanar cadáveres, beber sangre, envenenamientos, maleficios, provocar la esterilidad del ganado o de los pastos, practicar el incesto y tener prácticas sexuales "aberrantes", y el trato carnal con el Diablo. En algunos casos eran acusados además del crimen de traición al Estado, puesto que supuestamente tenían al Demonio como máxima autoridad, en vez de a su gobierno.

En la práctica, era tan difícil probar la inocencia de uno que miles de mujeres fueron torturadas, quemadas en hogueras, ahorcadas... muy probablemente por miedo, por rencillas personales con algún vecino, por la psicosis colectiva, por ser "raras", o por tener una mente demasiado abierta para la época que vivían, que las hizo sentirse y mostrarse más libres de lo que sus contemporáneos estaban preparados para aceptar.


TRADICIONES

Popularmente a las brujas se las asocia con ciertas imágenes. El típico sombrero negro, edad avanzada, verrugas, gato negro cerca, escoba en la mano, caldero grande al fuego...
Aquí hay unas cuantas imágenes de brujas tradicionales...
A la izquierda, imagen de una bruja preparando una pócima en su caldero. A la derecha, otra bruja con la típica escoba voladora (se cuenta que las brujas untaban las escobas con ungüentos con sustancias alucinógenas, y al frotarse con ellas esto era lo que las hacía "volar"; y así hay versiones que asocian la escoba con la masturbación)
Sin embargo, otras historias tradicionales de brujas hablan de mujeres increíblemente hermosas, con miradas cautivadoras, pero que, o bien en cualquier momento perdían esa belleza porque tenían capacidad de transformarse, o usaban ese don para aprovecharse de las personas y tenerlas bajo su dominio.

5 de abril de 2009

Primer capítulo de Adicción de Claudya Grey

En la medianoche, llegó la tormenta.Los nubarrones se deslizaron a través del cielo, tapando las estrellas. El acelerado viento me enfrió mientras un par de pelos de mi rojiza melena flotaban a través de mi frente y mis mejillas. Me puse la capucha de mi chubasquero negro y metí mi mochila mensajera debajo de el.A pesar de la tormenta que se avecinaba, los terrenos de Medianoche seguían sin estar completamente oscuros. Solo lo conseguiría la total oscuridad. Los profesores de la Academia Medianoche podían ver en la noche y escuchar a través del viento. Todos los vampiros podían.Claro, en Medianoche, los profesores no eran los únicos vampiros. Cuando empezase el curso dentro de un par de días, los estudiantes llegarían, la mayor parte de ellos igual de poderosos, ancianos e inmortales que los profesores.Yo no era ni poderos ni anciana, y seguía estando bastante a salvo. Pero era una vampira, en cierto modo- hija de dos vampiros, destinada a llegar a ser uno de ellos finalmente, y con mi propio apetito de sangre. Antes me deslicé delante de los profesores, confiando en mis propios poderes para ayudarme, al igual que la chiripa. Pero esta noche estaba pendiente de esta oscuridad. Quería que cubriese lo máximo posible.Supongo que estaba nerviosa por mi primer robo.La palabra “robo” hace que suene bastante ordinario, como si solo fuese a irrumpir en el establo de la señora Bethany y saquear el lugar buscando dinero o joyas o algo. Tenía razones más importantes.Las gotas de lluvia empezaron a golpetear mientras el cielo se oscurecía a lo lejos. Corrí a través de los terrenos echando un par de miradas hacia las torres de piedra mientras me iba. Mientras me deslicé a través del resbaladizo y mojado césped hasta el cobrizo tejado del establo de la señora Bethany. Sentí el enfermizo punto de vacilación.”¿En serio?””¿Vas a irrumpir en su casa?” “¿Irrumpir en la casa de alguien?”” Si incluso no te bajas música que no hayas pagado.” Era bastante surrealista, alcanzando el interior de mi mochila y sacando mi tarjeta de la biblioteca plastificada para otro uso que el de sacar libros. Pero estaba decidida. Lo haría. La señora Bethany dejaba la escuela tal vez tres noches al año, lo que significa que esta noche es mi oportunidad. Deslice la tarjeta entre la puerta y el marco y empecé a hacer palanca a la cerradura.Cinco minutos más tarde, seguía meneando la tarjeta de la biblioteca en vanoalrededor de ella, mis manos ahora frías, húmedas y patosas. En la tele, esta parte parecía muy sencilla. Probablemente, criminales reales lo conseguirían en unos escasos diez segundos. De cualquier forma, cada segundo que pasaba era más evidente que yo era lo contrario a un criminal. Rindiéndome al plan A, empecé a buscar otra opción. Primero las ventanas no parecían mucho más prometedoras que la puerta. Seguramente, podría haber roto el cristal y abrir cualquiera de ellas al instante, pero eso hubiese echado a perder la parte “que-no-te-pillen” de mi plan.Al doblar la esquina, vi bajo mi sorpresa que la señora Bethany se había dejado una ventana abierta- solo una rendija. Era todo lo que necesitaba.Mientras deslizaba la ventana arriba lentamente, vi una hilera de violetas Africanas en pequeños tiestos de arcilla, situados sobre el alféizar. La señora Bethany los dejó en el lugar para que pudieran tener aire fresco y quizá un poco de lluvia. Era raro pensar que la señora Bethany se ocupaba de algo vivo. Cuidadosamente aparté los tiestos a un lado de manera que tuviera espacio para subirme a través de la ventana.¿Entrando a través de una ventana abierta?”También” mucho más difícil que en la tele.Las ventanas de la señora Bethany estaban bastante arriba del suelo, lo que significaba que para empezar tenía que, en cierto modo, saltar. Jadeando, empecé a introducirme, era difícil no caer plano al suelo de dentro. Intenté bajar primero con un pie. Pero me caí de la ventana precipitadamente, y no podía volver a medio camino. Uno de mis zapatos embarrados pegó un fuerte golpe a la ventana, jadeé, pero el cristal no se rompió. Me controlé para bajarme completamente y me dejé caer sobre el suelo.“Ok,” murmuré mientras estaba sobre la alfombra trenzada de la señora Bethany, mis pies seguían estando arriba sobre mi cabeza, apoyados contra la repisa de la ventana y empapados de la lluvia. “Demasiado para la parte fácil.”La casa de la señora Bethany parecía igual que ella, sentía igual que ella, incluso olía igual que ella- a una fuerte y cortante lavanda. Me di cuenta de que estaba en su dormitorio, de alguna manera me hacía sentir aún más intrusa. Aunque sabía que la señora Bethany había viajado a Boston para verse con “posibles alumnos”. No pude evitar sentir que ella me podría pillar en cualquier segundo. Estaba horrificada de que me pillaran. Ya estaba acurrucada, recluyéndome dentro de mi misma.Y luego pensé en Lucas, el chico que había amado- y había perdido.Lucas no querría que yo estuviese atemorizada. El hubiese querido que fuese fuerte. Su recuerdo me dio valor, y me animó hasta que consiguiese mi trabajo.Lo primero es lo primero: me quité mis zapatos enfangados, para no dejar huellas por la casa. Además colgué mi chubasquero en el pomo de una puerta cercana para que no goteara agua por todos los lados. Luego me fui al baño y cogí algunos pañuelos de papel para limpiar el desastre que había hecho y para limpiar mis zapatos. Metí los pañuelos en el bolsillo de mi chubasquero, así podría tirarlos en otro lugar. Si alguien era suficientemente paranoico para rebuscar en su propia basura para encontrar evidencias de que había habido un intruso, esa era la señora Bethany.Era sorprendente que ella hubiese decidido vivir aquí, pensé. La academia Medianoche era magnífica, incluso grandiosa, todas las torres de piedra con sus gárgolas- muy de su estilo. Este lugar era apenas una casita. Por otra parte, aquí había privacidad. Podría creer que ella apreciaba ese detalle por encima de cualquier otro.Su escritorio de la esquina parecía el lugar para empezar. Me senté en el duro respaldo de la silla de madera, apartando a un lado un marco de plata con la silueta de un hombre del 1900, y empecé a hojear unos papeles que encontré por ahí.Querido señor Reed,Hemos revisado con gran interés la solicitud de su hijo Mitch. A pesar de que es obviamente un estudiante excepcional y un agradable joven, lamentamos informarle-Un estudiante humano que quería venir aquí- Uno que la señora Bethany había rechazado. ¿Por qué permitía que algunos humanos asistiesen en la Academia Medianoche y otros no? ¿Por qué permitía a “algún” humano entrar en una de las pocas fortalezas de vampiros que quedaban?Queridos señor y señora Nichols,Hemos revisado con gran interés la solicitud de su hija Clementine. Ella es obviamente una estudiante excepcional y una agradable joven, así que estamos complacidos de-¿Cuál era la diferencia entre Micth y Clementine? Por suerte, el sistema de archivo que utilizaba la señorita Bethany me llevó a sus solicitudes, pero estudiarlas no me dio ninguna respuesta. Ambos tenían una calificación media tan alta que ponía los pelos de punta y toneladas de actividades extracurriculares. Al revisar sus listas de logros me hizo sentirme como la persona más vaga del mundo. En sus fotos se les veía bastante normales- no eran guapísimos, no eran feos, ni estaban gordos, ni delgadísimos, simplemente normales. Los dos eran de Virginia- Match vivía en un apartamento edificado en Arlington, y Clementine en una vieja casa en el campo- pero sabía que los dos tenían que ser horrorosamente ricos para pensar en venir a esta escuela.Por lo que yo podría decir, la única diferencia entre Mitch y Clementine era que Mitch era el afortunado. Sus padres lo enviarían a un corriente internado de lujo en la Costa Este. Donde él se mezclaría con otros chicos mega-ricos y jugarían al lacrosse o navegar o cualquier cosa que hacían en esos lugares. Mientras que Clementine cada segundo rodeada de vampiros. Incluso aunque ella nunca lo supiera, ella tendría la horrible sensación de que algo de aquí iba espantosamente mal. Ella nunca se sentirá segura. Incluso yo nunca me he sentido bien en la Academia Medianoche, y me convertiría en vampiro- algún día.Las ventanas se iluminaron, y un par de segundos más tarde lo siguió un trueno. La tormenta pronto se haría más fuerte; era la hora de volver. Decepcionada retire las cartas y las coloqué donde estaban. Estaba tan segura de que esta noche conseguiría respuestas, pero en lugar de ello no he aprendido ni una cosa.Mentira, me dije a mi misma mientras miraba mi chubasquero y los tiestos. Has aprendido que a la señora Bethany le gustan las violetas Africanas. Esto va a ser REALMENTE útil.Enderecé las violetas del alféizar poniéndolas como estaban y me marche por la puerta de enfrente, la cual afortunadamente se cerraba automáticamente. Incluso esto la señora Bethany no lo dejaba a la suerte.El viento azotaba la lluvia hacia mis mejillas mientras corría hacia la Academia Medianoche. Unas pocas ventanas de los apartamentos de la facultad todavía resplandecían, pero no era lo suficientemente tarde para que a estuviera preocupada de que alguien me viera. Apoye mi hombro contra la pesada puerta de roble, y se abrió obedientemente sin hacer mucho más que un chirrido. Cerrándola detrás de mí, me figuré que estaba fuera de peligro.Hasta que me di cuenta de que no estaba sola.Me pitaron los oídos, miré en el interior de la oscuridad del Gran Vestíbulo. Era un inmenso espacio abierto, sin rincones ni columnas donde esconderse, así que debería ser capaz de ver que era. Pero no podía ver a nadie. Me estremecí; de repente me pareció que hacía más frío, tanto que me pareció que estaba en una húmeda cueva prohibida en lugar de estar entre las paredes de Medianoche.Las clases no empezarían hasta dentro de dos días más, así que los únicos que estábamos en la escuela éramos los profesores y yo. Pero cualquiera de los profesores me hubiese empezado a sermonear inmediatamente por haber estado fuera tan tarde en medio de una tormenta eléctrica. Ellos no me espiarían en la oscuridad.¿Lo harían?Vacilando di un paso al frente.”¿Quién anda ahí?” Susurré.Nadie respondió.Tal vez estaba imaginándome cosas. Ahora que lo pensaba, de momento no había oído nada. Simplemente lo había “sentido”, esa rara sensación que tienes cuando alguien te está observando.Había estando preocupándome sobre gente que me miraba toda la noche, así que tal vez la preocupación me había alcanzado.Después vi algo moverse. Me percaté que una chica estaba de pie a fuera del gran salón mirando a dentro. Ella estaba de pie, cubierta por un largo chal, en la otra parte de una de las ventanas, la única ventana clara en el vestíbulo en vez de una vidriera. Probablemente era de mi misma edad. Aunque estaba fuera, parecía completamente seca.“¿Quién eres?” Di un par de pasos más hacía ella. “¿Eres una alumna?””¿Qué estás-?”Se había ido. No había corrido, no se había escondido- ni incluso se había movido. Un segundo estaba allí el próximo ya no estaba.Parpadeando, miré detenidamente la ventana un par de segundos, como si ella reapareciera en el mismo lugar en cualquier momento por arte de magia. No lo hizo. Anduve hacia delante para intentar ver mejor, vi un ápice de movimiento, y salté, asustada- pero me di cuenta que era mi propio reflejo en el cristal.“Bien, esto ha sido estúpido. Has entrado en pánico al ver el reflejo de tu propia cara”.“Esa no era mi cara”Pero debía haberlo sido. Si algún estudiante nuevo hubiera llegado hoy, lo habría sabido. Medianoche estaba tan aislada, encima de unas colinas, que era imposible imaginar que un forastero vagara por ahí. Otra vez mi hiperactiva imaginación había obtenido lo mejor de mí; “Tenía” que ser mi reflejo. Incluso no se estaba tan frío aquí, una vez que pensé sobre ello.Una vez que dejé de temblar, me arrastré hacia arriba al pequeño apartamento de mis padres el cual había compartido todo el verano, en lo alto de la torre sur de Medianoche. Afortunadamente ellos estaban profundamente dormidos; podía oír los ronquidos de mamá mientras andaba de puntillas por el pasillo. Si papá podía dormir con ese ruido, también podría dormir durante un huracán.Aún estaba asustada por lo que había visto abajo, y el estar mojada no mejoraba mucho mi humor. Pero nada de esto me molestó tanto como el hecho de que había fallado. Mi tentativa de robo no había servido para nada.No era como si pudiese hacer algo por los estudiantes humanos en Medianoche. La señora Bethany no dejaría de admitirlos solo porque yo lo dijera. Además, tenía que admitir que ella había hecho de policía para asegurase de que ningún vampiro chupase ni un sorbo de sangre.Pero sabiendo que Lucas me puso al tanto de lo poco que había entendido sobre la existencia de vampiros, incluso pensando que yo había nacido dentro de este mundo. El me hizo ver todas las cosas de un modo diferente, me hizo hacer más preguntas y necesitar más respuestas. Incluso si nunca vuelvo a ver a Lucas, sabía que me había hecho un regalo haciéndome darme cuenta de la larga, y oscura realidad. Ya no daría nada de mi alrededor por sentado.Después de que me deshice de mi ropa mojada y de que me acurrucase bajo las mantas, cerré mis ojos y recordé mi cuadro favorito, “El beso” de Klimt. Intenté imaginar que los amantes de la pintura éramos Lucas y yo, que su cara estaba cerca de la mía y que podía sentir su aliento sobre mi mejilla. Lucas y yo no nos habíamos visto en casi seis meses.Eso fue cuando se vio obligado a escapar de Medianoche porque su verdadera identidad- cazador de vampiros de la Cruz Negra- fue revelada.Continuaba sin saber como sobrellevar que Lucas perteneciese a un grupo que se dedica a destruir a mi especie. Ni estaba segura de cómo se sentía Lucas por el hecho de que yo fuese un vampiro, algo de lo que no se dio cuenta hasta después de que nos enamorásemos. Ninguno de los dos escogió ser lo que éramos. Mirando hacía atrás, parecía inevitable que estuviésemos separados. Y ahora aún sigo creyendo, profundamente, que estamos destinados a estar juntos.Abrazando mi almohada a en mi pecho, me dije a mi misma, “Al menos no tendrás dentro de poco no tendrás mucho tiempo para echarle de menos. Pronto la escuela va a volver a empezar y tu estarás ocupada”.“Aguarda. ¿Te has rebajado a DESEAR que empiece la escuela?”“De algún modo, he descubierto todo un nuevo nivel de patetiquismo”.

1 de abril de 2009

NO LO LEAS

Era una fría y oscura tarde de invierno, estaba un poco mareado. Así que decidí acostarme, no eran más de las seis, pero así lo hice.
Me encontraba en una larga y oscura sala en la cual abundaban los libros de magia negra y brujería, en ese instante se me vinieron las débiles palabras de mi abuelo Mauricio antes de morir: “no lo leas”, yo no le encontraba sentido a esas pocas palabras, así que decidí explorar la gran sala.
A medida que avanzaba una débil brisa me producía escalofríos, seguía caminando hasta llegar a un camino sin salida y adornada con una estatua de marfil, era muy raro ya que en el suelo había dibujado un tablero de la famosa ouija y en la parte posterior habían dibujado unas palabras escritas en latín o eso era lo que yo pensaba, comencé a leerlas aunque me costaba mucho trabajo…fue entonces cuando escuchaba unas voces de fondo que me decían: Pedro despierta, ¡¡¡¡Pedro quieres despertarte de una vezzzz….!!!!
De repente di un sobresalto y mi madre y yo nos pegamos un chocazo en la cabeza y aambos nos salió un gran “chichón”.
Decidí ir esa noche a la discoteca para despejarme un poco con mi amiga Carmen y le conté el extraño sueño, ella no paraba de reírse, en cambio yo no le veía la gracia pues tenía el presentimiento de que algo no muy bueno iba a ocurrir. No paraba de pesar en las dichosas palabras de mi abuelo así que decidí preguntarle a mi padre la causa del fallecimiento de mi abuelo, se quedó muy pensativo durante varios segundos y me dijo que eso ya me lo iría contando con el paso de los años, pero yo le dije que quería saberlo en ese mismo instante, pues una cosa muy extraña relacionada con sus últimas palabras meestaba ocurriendo y me preguntó que era y de nuevo expliqué mi sueño y se dio la vuelta sin decirme palabra en el resto de la mañana.
Al día siguiente, me enteré de que mi abuela había muerto en un accidente de tráfico cuando se dirigía a mi casa… fue entonces cuando mi padre me explicó la causa del fallecimiento de mi querido abuelo: Había muerto 12 horas más tarde de hacer la ouija pero la causa no se llegó a saber aunque mi padre me dijo también: “no lo leas” y desde entonces mi padre piensa que fue porque él había leído algo que no tenía que haber leído. Yo también lo pensé y en ese mismo instante vi una sombra pasar a mi lado, el miedo me invadió de repente, no podía moverme, quería seguir a la sombra pero algo en mi interior me decía que no lo hiciera, me armé de valor y la seguí, salió de mi casa y me llevó a un lugar en el cual yo nunca había estado, otra sombra pasó por mi lado y sentí un gran escalofrío como el que sentí en aquel sueño tan extraño…la sombra entró en una casa totalmente deshabitada, yo tenía más miedo que antes y sin saber por qué me desmayé y mi cabeza pegó un porrazo contra el duro asfalto de la carretera…
Hacía mucho frío, allí estaba mi abuelo, corrí hacía él pero era imposible alcanzarlo, a medida que corría, su cuerpo se alejaba más y más… y sólo escuché unas palabras que me dijeron: no te comuniques con mi mundo, es muy peligroso, ya lo entendía, todo encajaba, mi abuelo se encontraba encima de un misterioso tablero que era el de la ouija y éste me quería decir que no jugará con esas cosas.
Me encontraba tendido en el jardín de la misma todo había sido un sueño y vi que algo turbio estaba asomado a la ventana de la última planta de la casa. Me armé de valor y decidí entrar…me encontraba en la famosa sala y todo estaba ahora lleno de extrañas sombras que se movían con una gran lentitud…estando ya encima del tablero donde pude distinguir las extrañas palabras que mi abuelo me dijo que no leyera, pero no le eché cuenta y las leí, sentía como si mi alma no pudiera con mi cuerpo, estaba muy cansado, sentía como si me rajaran todo el cuerpo, como si me quitaran la vida, y así fue, allí estaba mi abuelo, riéndose a carcajadas, yo no lo entendía pero fue cuando él gritó las mismas palabras que estaban escritas sobre el tablero: “Si vous estez que reler la paser no pooyiez de la vier”, ahora si que lo entendía todo mi abuelo sabía que más tarde o más temprano las leería(pues el ser humano es así de curioso y estúpido) así que dijo que no lo leyéramos para hacer que pareciera que era muy inocente y que quería salvarnos, pero allí estaba yo muerto sin poder hacer nada y mis últimas palabras fueron: “no lo leas”, esperando a que otro tonto lo leyera para reencarnarme en su propio cuerpo….
“…el mayor error de todos fue que la leyenda dice que será castigado todo aquel quelo leyera, así que desafortunados ya sabéis lo que os espera…”.

Mitos sobre vampiros


Estos son sólo algunos de los más conocidos mitos sobre los vampiros:
No hace falta matar a una persona para alimentarse. El vampiro puede tomar solo un poco de la sangre (la persona no siente el mordisco, le parece solo un beso) y luego lamer la herida para que cicatrice, con lo cual no queda ninguna marca. Tambien se puede usar sangre de animales.Algunos aclaraciones sobre vampiros:
· Solamente la luz del sol, el fuego, la decapitacion o la destruccion completa del cuerpo (acido, presion intensa, etc) matan a un vampiro.
· Las estacas de madera en el corazon solo los paralizan, no los matan.· Ni el ajo, ni las cruces, ni el agua bendita los afectan en lo mas minimo, a menos que el que los usa contra ellos posea una fe INMENSA.
· Pueden cruzar agua corriente, pero no flotan en el agua.· No pueden estar despiertos en el dia, a menos que tengan Humanidad muy alta, pero no hace falta que duerman en ataudes, solo un lugar cualquiera protegido de la entrada del mas minimo rayo de sol.
· No tienen que dormir bajo suelo natal, salvo un clan cuya maldicion particular consiste en eso (clan Tzimice).
· No todos pueden volar o convertirse en murcielago; eso es una disciplina, y hay que aprenderla.
· No es cierto que todo aquel mordido por un vampiro se convertira en vampiro cuando muera, si no imaginense la cantidad que habria...

Mitos De Vampiros
El mito del vampiro ha sido muy cuestionado a lo largo de los siglos. Cuando digo cuestionado me refiero a que hay tantas versiones del chupa sangre como autores han escrito sobre él. Puede ser una figura romántica o una bestia salvaje sin control alguno.
Lo que no es cuestionable es que la figura del vampiro es siempre temida, como algo que no se conoce y que además está fuera de toda lógica científica. El vampiro se muestra siempre como un ser de poderes increíbles.
Suele ser muy común el pensar que el vampiro le teme a la cruz como símbolo religioso que es, y que el agua bendita quema al monstruo. Seguramente este pensamiento es debido a que, como el vampiro es un ser que no depende de la naturaleza, sólo aquello que está por encima de esta, puede dañarlo.
También, en numerosas ocasiones se les ha considerado como una especie de demonios que habitan la tierra, por lo que sólo la religión puede destruirle.
Otro de los grandes mitos es la repulsión del vampiro hacia una serie de plantas, ya sea ajo o el acónito. Nunca entendí el por qué de dicha repulsión. He encontrado algunos textos que dicen que es debido a que dichas plantas tienen una serie de sustancias de las que el vampiro es alérgico. De todas formas no suena muy creíble.
Depende quien hable del vampiro, el simple mordisco de este, puede crear a otro de su especie. Esto es especialmente increíble, pues según todas los mitos, el vampiro necesita alimentarse de sangre humana, por lo que cada noche crearía uno o varios vampiros. Otra versión de la creación del vampiro es que el vampiro necesita darle parte de su sangre al humano para transformarlo. Suena más verosimil, y podría entonces entenderse que la fuerza del vampirismo está en la sangre vampírica. Como si fuera una enfermedad o algo parecido.
Otro de estos mitos que es que el vampiro no puede entrar en una casa a no ser que se le invite. Esto podría ser un especie de alegoría sobre el hecho de que al mal lo introducimos nosotros mismos en nuestra vida. Que si somos rectos y puros, no tenemos nada que temer, pero si nos desviamos del buen camino, la perdición es segura.
El vampiro siempre ha sido una figura nocturna, el sol lo destruye en pocos instantes, y se vale de las sombras para sus artimañas.
A lo largo de todas las historias de vampiros, se pueden ver espectaculares transformaciones de este ser demoníaco. La más normal es la transformación en murciélago, supongo que por ser este una animal de hábitos nocturnos, además de no agradar a mucha gente. También hay otros relatos en donde el vampiro se puede transformar en gato, lobo, niebla... En otros puede cambiar su aspecto para parecer otra persona...
El vampiro tiene el poder de manipular a los mortales a su antojo, con una simple mirada percibe si existe una parte de maldad en su víctima y se aprovecha de ella. Aquí de nuevo se ve que sólo el hombre bueno puede destruir al vampiro.
Lo que resulta curioso, es que, en la mayoría de los relatos de vampiros, incluyendo algunas versiones de Drácula, el caza-vampiros, otra constante en cualquier buen relato de vampiros, no es el causante directo de su destrucción, sino que suele ser debido al sol, para indicar, de nuevo, que sólo algo superior al hombre y al vampiro, puede destruir a este último.